El gran crecimiento demográfico de la ciudad ha instaurado nuevas problemáticas de debate respecto a los espacios de trabajo; no sólo para la integración de las personas en el mercado de trabajo sino también en el replanteo de los modelos empresariales.

Un gran protagonista del sector productivo de nuestra ciudad son las empresas familiares y PyMES que inevitablemente ante dicho proceso de crecimiento estructural y cambio sociocultural les surge la necesidad de profesionalizar las áreas de su organización.

¿Qué hay que saber sobre la profesionalización de su organización en este contexto?

  • En primera instancia, es importante entender que “no estamos solos” que hay otras empresas que pasan por los mismos procesos. Son procesos circunscritos en los cambios sociales y, por ende, un proceso que tarde o temprano todos van a pasar.
  • El proceso de profesionalizar beneficia la toma de conciencia de las virtudes y debilidades de la organización y la puesta en marcha de ellas mismas.  Ayuda a no aquietarse con la tranquilidad del “me va bien”; para ir más allá de la buena productividad del negocio y repensar que si se dejan de lado las cuestiones “reales” no hay capacidad de prever, de planificar “con los pies en la tierra” hacia el futuro. No es empezar de cero, es adaptar lo que hay a los nuevos modelos.
  • La profesionalización ayuda a solidificar las estructuras de la organización. Los vínculos, las normativas y los comportamientos (tácitos y explícitos) que están naturalizados en los modos de trabajo suelen estar arraigados en los modos de hacer de las personas pero no necesariamente representan estructuras sólidas para construir un modelo de gestión empresarial efectivo. Estructuras sólidas posibilitan empresas sólidas ante contextos socio-económicos y políticos inestables (tan característicos de nuestro país).
  • Ayuda a que el traspaso generacional no sea una experiencia drástica para la empresa. El cambio en el rol del fundador es algo que naturalmente sucederá a lo largo del tiempo. Si bien el fundador juega un papel esencial, dado que es quien otorga el espíritu que hace que el negocio se diferencie y tenga éxito, también es quien más sufrirá las transformaciones que se darán a lo largo de su gestión. Prever un proceso de cambio generacional ordenado y sistematizado es parte de la profesionalización de la empresa.
  • Adaptarse a los cambios socio culturales y a las nuevas metodologías de trabajo empresarial beneficia a la totalidad del proceso del trabajo. No implica sólo ayornar la metodología de gestión tradicional (paternalista, verticalista) a las modernas (horizontales, dialógicas, multidisciplinares), sino ayornar las subjetividades y mentalidades que se formaron en esa idiosincrasia más rígida a la de las nuevas generaciones. Estas últimas serán las encargadas de mantener viva la empresa, en términos productivos y en términos de identidad; es decir, de transmitir el “espíritu” y la cultura empresarial a los futuros ingresantes de la empresa.
  • La profesionalización implica la cercanía y reciprocidad entre las áreas de trabajo por lo tanto es fundamental para el cumplimiento de los objetivos y la creación de una cultura empresarial colectiva, que llegue a todos los sectores y a todos los puestos.

Lo principal es comprender que el objetivo de profesionalizar la empresa familiar, es conseguir que la organización se base en la toma de decisiones en equipo.  Es un proceso que requiere de estar dispuestos a generar el cambio y a pensarlo de manera estratégica.

En Kmp contamos con experiencia en asesoramiento para la profesionalización en empresas familiares. Si sos parte de una empresa familiar y te interesa este servicio consulta por nuestro acompañamiento.